Viajar en el tiempo - Salamone

  Hace poco me preguntaron acerca del propósito en los viajes, si hay alguno o me lo voy inventando mientras estoy moviéndome de un lado a otro. Como habitualmente ocurre, no supe que responder, aunque hablé de temas, descubrimientos, exploraciones y tiempos. Con la ruta de Salamone, que la estoy recorriendo desde el año pasado y no deja de maravillarme,  me resulta interesante que a sus más de sesenta obras,  diseminadas en veinticinco municipios de la provincia de Buenos Aires, se las pueda ver, encarar, explorar y conocer desde diferentes lugares. Puede resultarte inspirador para la fotografía, desde la ficción literaria y cinematográfica, para la crónica o la biografía. Lo cierto es que desde donde elijas mirarlo, estarás transitando los viajes en el tiempo. No te asustes, volverás, siempre se vuelve. Como tópicos de esta excursión podés pensar en un mundo lleno de paisajes, experiencias y velocidad, sitios futuristas y otros que parecieran haberse detenido allá lejos. Podés evocar actividades, personas o lugares que hacen un culto de la lentitud y otros donde la tecnología todo lo rige; pero en cualquier lugar donde estés, preguntarte cuantos tiempos conviven en eso que ves. Cuanto tiempo estas evocando.  


  1. En la ruta de Salamone evocamos cierta desmesura de la década infame, república imposible o restauración política -neoconservadora- de acuerdo a como se mire, con salidas militares, conflictos bélicos mundiales y un Dios, patria y hogar haciendo peso en la balanza neutralidad o fascismo en la que Argentina fluctuaba. Manuel Fresco era gobernador de la provincia de Buenos Aires en aquel entonces y le encarga a su amigo, el arquitecto e ingeniero Francisco Salamone, la realizacion de edificios públicos para algunas ciudades pequeñas del interior provincial. El arquitecto proyecta y construye, entre 1936 y 1940, portales de cementarios, mataderos, ornamentos y pisos de plazas, edificios para sedes municipales, en pueblos de pocas casas y extensa llanura.  
  Racionalismo art- decó, modernismo, monumentalismo plagado de elementos industriales como ruedas y engranajes en escala gigante, cierto neofuturismo italiano, el estilo de Salamone es majestuosidad y m`as. No son sólo líneas rectas, torres y simetrías perfectas cortando la monotonía de la pampa bonaerense. Es otra cosa.


 Las primeras obras se hacen en tiempo récord. La huella de Salamone empieza a imprimirse en la Municipalidad de Gonzalez Chaves, con el matadero de Guaminí y el cementario de Saliquelló. Fresco quería generar trabajo desde la obra pública para contrarrestar la creciente desocupación y el éxodo de la población rural a las grandes ciudades, que afectaba a Argentina como rebote de la gran crisis y la pre guerra europea. Entre quince y dieciocho meses termina aquellas y sigue con el Matadero de Balcarce, la plaza y escuela de Balcarce, la municipalidad de Rauch. Después las torres municipales de Guaminí y Carhué, los mataderos de Tres Lomas y Azul junto a las plazas de Azul y Coronel Pringles. A los pocos meses, Salamone termina la Municipalidad de Laprida y su matadero, casi al mismo tiempo que las municipalidades de Torquints, Pellegrini, Puán, Pirovano y Urdampilleta mientras terminaba de bocetar sus obras maestras: la gran rueda-pórtico del Cementerio de Saldungaray, a la vera del arroyo Sauce Grande, la cruz gigante del cementerio de Laprida y el pórtico del cementerio de Azul. 


Azul y Saldungaray

  La ciudad cervantina, a 300 kilómetros de Buenos Aires, es el primer alto en la ruta de Salamone. Parece que en Azul, las calles con naranjos conducen a una obra de arquitecto. En pleno centro, la plaza San Martín con sus particulares baldosas romboidales, bancos, farolas, macetas y fuente proyectadas por el arquitecto. A sólo dos cuadras, en la esquina de Colón y Belgrano encontramos una de las pocas obras privadas de su autoría en la provincia: la Casa Daneri, contruída en 1938 y perfecto estado de conservación, de líneas rectas y balcón semicircular trasero. A unas cuadras de allí está el Parque Samiento, con su portal acuchillado de tres bloques de 18 metros de altura. Una de las obras emblema es el portal del cementerio que con sus 21 metros de altura y 43 de frente es considerada su "obra total" con la cruz en relieve, la sigla RIP, figuras ornamentales y un ángel cubista que de acuerdo a la luz del día cambia su expresión además de las galerías, el oratorio , el  crematorio y las áreas administrativasna
 Parece construído por el diablo, soltó el intendente de Azul el día de la inauguración del pórtico del Cementerio. No sea ingenuo, doctor. El diablo nunca hubiera llegado tan lejos, respondió Salamone con una carcajada mefistofélica.




































                         A 10 kilómetros de Sierra de la Ventana, Saldungaray nos muestra la huella del arquitecto en todo su esplendor. En el centro administrativo y frente a la plaza -con ornamentación de Salamone- el Palacio Municipal. A pocas cuadras el edificio del Mercado y casi en las afueras, la rueda del Cementerio Municipal, ese gran círculo de "piedra líquida" u hormigón a la vera del arroyo que encierra una cruz latina y sostiene un Cristo donde las palomas hacen nido.
 No sólo palacios municipales, ornamentos y cementerios: otra especialidad del arquitecto son los mataderos. De vuelta a Sierra de la Ventana por el viejo camino de tierra, escondido entre la arboleda y en estado de semi abandono está el predio del ex- matadero construido por el arquitecto. El de Azul está a unos 2 kilómetros de la ciudad, en lo que era el viejo camino a Tandil.



Carhué y Villa Epecuén

 En noviembre de 1985, tras una temporada de lluvias desmesurada, los mil quinientos habitantes de Epecuén tuvieron que evacuar la villa tras un desborde del lago, que atravesó el muro de contención e inundó las calles del pueblo. Pasaron años donde el lago de sal tuvo la mayor extensión hasta entonces y el pueblo desapareció. Lo que resistió las aguas y el paso de los años fue el  matadero, a mitad de camino entre Villa Epecuén y Carhué. Pese al precario estado de conservación y a diferencia de las tantas obras diseminadas en la provincia de Buenos Aires, se puede ingresar a su interior,  motivo de visita de fotógrafos de todo el país. 
   

  En la ruta, allí donde antiguamente era la bifurcación del camino entre Villa Epecuén y el viejo cementerio, hay una réplica de otro Cristo de Salamone, de líneas rectas y similar al de los cementerios de Laprida y Saldungaray. Otro edificio que lleva el sello de Salamone es el Palacio Municipal, con su torre que es la más alta de las levantadas por el arquitecto en Carhué, que para el momento de su construcción no superaba los mil habitantes.  




Ruta Salamone Azul
Carhué - Villa Epecuén
Saldungaray














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