De viajes y miedos

 Los hombres son unos caracoles lentos y ciegos que recorren el jardín del mundo dejando una estela fugaz y transparente. Cuando viene el sol de un nuevo día, la fina membrana ha perdido toda consistencia. Al atardecer, no sabemos cual fue la ruta que marcó su paso



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No soy de tener miedo en los viajes. Tampoco de prevenir a nadie.  A la hora de aconsejar -esto es, cuando me piden un consejo- siempre elijo no hacerlo, no sé, eso de un buen consejo a mí  me parece predecible y aburrido. Marcá tu propio recorrido o elegí tu forma de viajar digo siempre que me preguntan y pienso en la colección Elige tu propia aventura, aquel libro de tapa dura donde había que elegir la ruta, la dirección narrativa. ¿A donde vamos? Recuerdo tardes de siesta en una casa  blanca, me acuerdo esas mismas tardes subiendo sigilosamente la escalera alfombrada a la habitación de mi hermano mayor, empujar la puerta y estar ahí, el universo secreto de Matías, un poco espía y algo ladrona. Una estufa, aviones, libros y un macetero sin flores que en un par de años estaría repleto de botellas y ceniza. Durante un rato leía revistas tirada en su cama y me sentía un poco grande. Después, subirme a una silla y llevarme algún libro de aquella serie, algo que me parecía propicio para mi edad. Lo demás, no entendía nada. Esto de no tener miedo empezó ahí, en esas aventuras inciertas con final cambiante. Nunca era el mismo final. Ni feliz ni aterrador, solo distinto.
       
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Dos chicas jóvenes, de veintitantos, mueren en un viaje por Latinoamérica. Para ser más precisa, las asesinan los tipos que les daban alojamiento. Dos chicas que, como yo a esa edad, deben haber escuchado todas las recomendaciones y miedos ajenos y llevárselos consigo a viajar y pensar que si, se puede elegir la propia aventura en un mundo apacible por descubrir. Aunque es muy probable que supieran que el mundo no es apacible. Dos chicas que seguro no tenían miedo y allá fueron, con esa fragilidad y cierta tranquilidad que te da la  compañía de la otra. 
   
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Tengo fascinación por los desiertos. Conozco tres y sospecho que me quedan varios por conocer. De todos sé algo y de todos leí y vi fotografías. A todos espero poder caminarlos o cruzarlos. El desierto encierra conceptos contradictorios y por eso me fascina. Es, por un lado, el origen de todo, esas micro partículas de polvo son nuestro prólogo en el universo.  Por otro, la cuestión de las marcas y las huellas. Miles de años y el desierto nos sigue sorprendiendo porque podemos leer a través suyo lo que fue el mundo antes de nosotros y también, las cosas que  dejan huella. 

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Hoy, con la edad y habiendo quedado atrás los viajes de descubrimiento y búsqueda iniciática, me resulta molesto el miedo ajeno, las precauciones de otros, cierta cosa invasiva y el coro desentonado de llamadas telefónicas con recomendaciones, consejos y cuidate. Pero es porque te queremos. Pero una mujer viajando sola, me dicen. Una mujer viajando con otra, solas. Dos jóvenes viajando solas. Qué difícil es ser mujer, me digo...Seguro estás loca. Si, estoy loca. Y todavía espero, como a los veinte, que alguien me diga disfrutá tu viaje. 

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