La gran exploradora. -Hierbas Medicinales -

   
    Creció cerca de Pilar, en una casa con parque y muchas flores, frente a un bosque de pinos donde solía jugar. Entre la huerta de su abuelo y la afición de su padre por la naturaleza aquello era un parque de diversiones. Su adolescencia transcurrió en contacto con el mar, con sus inviernos y veranos y más tarde desembarcó en la gran ciudad, guiada por su anhelo de estudiar cine. En plena vida urbana comenzó a reflexionar acerca de cómo vivimos en las ciudades...¿qué meta, ambición, apuro y ansiedad desmedida nos desvela? y el preguntarme cómo se puede vivir de otra manera, a un ritmo natural con uno mismo y el entorno...





 Con aquellas preguntas Mariángeles comenzó la búsqueda. Primero fue su cuerpo y la práctica del yoga ...el cuerpo como antena de intuición,  dice. ¿Qué le quiero dar a mi cuerpo? ¿Qué comida, qué pensamiento, qué entorno, emociones…? se preguntó.

    La exploración comenzó aquel día. Un tiempo después dejó su departamento en San Telmo, vendió sus objetos de valor y con una carpa, mochila, ollas, pava, bolsa de dormir y unos ahorros se fue  a Córdoba. Allí se instaló en el monte, cerca de un río, en la zona de Ongamira y fabricó, en torno a su carpa, un cerco de protección con cañas, hojas de palmera, troncos y piedras. A dedo o en bus iba a Capilla a abastecerse de alimentos, el mismo trayecto de vuelta y una caminata monte adentro de media hora. Así un año. Fue, como toda experiencia de cambio y transformación, intensa, dura y maravillosa.

En el monte

     El uso de las plantas con fines terapéuticos se remonta a la antiguedad. Las sustancias vegetales para tratar síntomas y enfermedades han sido utilizadas desde entonces por todas las culturas, desde distintas creencias y hábitos. Hoy es una de las formas más conocidas de medicina alternativa.

     La preparación de Mariángeles fué en el monte. Conoció arbustos, flores, plantas y aprendió de los lugareños algunas propiedades medicinales y nutritivas. Empleó su propio cuerpo como instrumento de aprendizaje  y más tarde ordenó y clasificó toda aquella información. Un año en el monte, en la naturaleza, sin luz, sin gas, sin el mundo que hasta entonces yo conocía… Pase tormentas de días enteros dentro de la carpa. Pase vientos, pasé silencio,  pasé miedo, pase hambre por no haber juntado leña antes de la lluvia, por no haber “pre-visto” la circunstancia. Aprendí.  Aprendi a sentir el viento y saber si viene la lluvia. Y  no pase mas frio, y no pasé más hambre, porque en el río hay hierbas que se comen, hierbas que empecé a reconocer por su forma, por el lugar donde crecen. Cada una con su particularidad. 

     Luego cambió sus hábitos alimenticios y se sintió fuerte y sana. "La información está en el aire", dice y  pienso en cuanta información nos perdemos de vista por mirar hacia otro lado. El monte no te permite la flojera. Algo se activa,  la memoria lo registra.  Después el contacto con los lugareños y la gente de otras regiones que llegan al lugar con su caudal de información a cuestas. Y nuevamente la memoria: los remedios caseros de nuestros padres y abuelos.

     Después de ese año en el monte vuelve a Buenos Aires para visitar afectos, generar algún ingreso y hacerse unos chequeos de rutina. En uno de aquellos análisis encuentran dos quistes en sus ovarios que por su tamaño e incidencia requerían  de una intervención quirúrgica.  Pedí que me dieran tiempo y me puse a averiguar por una alternativa con plantas medicinales. Recordé el sagrado aloe vera. Comenzó a tomarlo diariamente. Así durante dos semanas.  A pocos días de la cirugía programada, una última ecografía indicó que los quistes habían desaparecido. "Me volví fuerte", dice.  Cuando lo imposible, se vuelve posible, cuando la voluntad y la fe nos demuestran lo contrario. También nos volvemos solitarios….

 Regresé al monte.  Con más fe que antes…

Aprendizaje

    Al volver encontró su rancho destruido. Tenía que empezar de nuevo. Su madre la ayuda con el terreno y nuevamente la carpa, las noches frías pero la plena certeza de haber encontrado su lugar. Aquello la guiaba como el faro más potente. Otra vez en el lugar en donde fui levantando el ranchito que habito, con mis manos, mis tiempos, mis aprendizajes, mis asombros y mis sanaciones. Con los yuyos que voy cosechando…

Dos veces me han dicho que era imposible vivir como vivo…
Luego hice mi casa, sin ser arquitecta. Hice mi instalación eléctrica, sin ser electricista. Así como junto leña, sin ser leñadora.

  
 El consumo de plantas medicinales ha ido en aumento en los últimos años en todo el mundo. La medicina de las plantas es ancestral.  Su uso con fines terapéuticos no sólo son para curar sino también para prevenir:  un cuerpo sano es aquel que no se enferma. Según Mariángeles, el sistema de salud nos vuelve débiles y propensos a la enfermedad. Los mismos medicamentos que nos regulan en un lugar nos vuelven vulnerables en otras tantas zonas del cuerpo, como por ejemplo, el importantísimo hígado.


Todo es integral

      Esta etapa la encuentra trabajando "para los otros".  De las hierbas para infusión y el posterior aprendizaje acerca de las propiedades que se evaporan al consumirse en té, fue llegando a la tintura madre.  Así supo que para tratamientos más largos, intensivos y profundos, esta conserva el 90 % de la medicina de las plantas. No sólo eso, se conservan mucho más tiempo y  se precisa menos cosecha.

    La apertura de la gente a terapias alternativas no la desvela. Sabe que cada vez son más los que se animan a iniciarse en estas prácticas. Desde la base del Cerro Uritorco fue llegando a mucha gente que la consulta y realiza tratamientos con las plantas. Cada organismo es un mundo, un universo, y la respuesta de las plantas no es única y dirigida. Ver, probar, Elegir. Siempre me digo que a las plantas llega quien tiene que llegar, quien ha sentido que la medicina tradicional no le alcanza para responder dolencias o estados de su cuerpo/mente, y busca...

     Mariángeles aconseja desintoxicar el organismo con plantas medicinales dos o tres veces al año, incluso en estado de salud. Justamente, como prevención. Vengo de la ciudad, conozco los factores a los que se está expuesto, y también hoy puedo decir que conozco el monte, que es mi lugar de sanación física y mental, y que solo expando la abundancia y sanación a todo aquel que así lo requiera.

     La medicina de las plantas es un legado de la tierra y un aprendizaje constante, donde no hay títulos ni meta a donde llegar. Una experiencia permanente, un descubrir constante donde Mariángeles es, como ella se define, un puente conector entre el monte y ciudad.

    De ahí en más, cada uno hace su viaje, y cada viaje tiene sus maravillas.


Mariangeles Taroni
Productora y distribuidora
Variete de Hierbas- Córdoba



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