Lisboa dulce / Pastel de nata

   En el hotel había leído “¿Cómo recorrer Lisboa en 48 horas?”, aunque tenía una semana. Recuerdo anotar y repetir números de tranvías, nombres de elevadores, “Chiado” y distintos horarios para subirme a un barco y navegar el Río Tajo. “O prazer da leitura” me acompañaba:

   “Nao e bem uma técnica. Nao trabalho assim, nao penso nisto assim, nesses termos. Nao é uma técnica, nao, mais um jeito”.

    Caminaba por una avenida arbolada, con cafés y comercios por aquí y por allá cuando sucedió. De repente sentí un olor que estaba fuera de la cosa urbana. Ni perfumes, ni asfalto, ni río, ni basura. Algo horneándose dulcemente. Seguí la flecha y llegué.

    Las pastelerías en Lisboa y en muchas partes de Europa tienen vidrieras. Entre la embriaguez de eso que se hornea y sale despiadadamente hacia la calle y los colores y formas de los dulces sucede: tu mano abre la puerta, suenan los tilin tilines, alguien te sonríe y sin llegar a decir una palabra escuchás:

-¿Pastel de nata? ¿Cuámtos?

     Después supe que sólo hay un lugar en Lisboa que hace los verdaderos pasteles de nata y es en la Pastelería de Belem, donde sólo tres cocineros guardan el secreto de su crema. También supe que es un tema muy serio: a la “Oficina do Segredo” sólo entran ellos, hay un contrato de confidencialidad, deben pertenecer a la familia que regentea el negocio desde 1837 y ¡no pueden viajar juntos! por si ocurriera algún accidente.

   Aparte de los cocineros del secreto, en La Pastelería de Belem trabajan más de veinte mujeres que son las encargadas de rellenar los moldes y hornear a 300 grados por unos pocos minutos para ofrecer los 20 mil pasteles que se cocinan diariamente.

(Nao e um a técnica, nao trabalho assim)

Los encontrás en todo Lisboa, En viaje te recomienda ir a esta Pastelería, ahí cerquita, en Belém.




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