El mar de mamá. Mar del Plata / 1950

"Mañana iremos a que conozcas el mar", dijo.

¿Que sería eso? Cada vez que mamá proponía o anunciaba algo yo me preguntaba en que aventura nos embarcaríamos. Como cuando dijo que viviríamos en Chascomús. O la vez que anunció, de lo más apacible, que iríamos a una Opera.
Pero esto del mar parecía más lejano y arriesgado. Partimos una mañana de Febrero, cargando una vieja valija y un bolso. Cuando llegamos, dejamos las cosas en el departamento y nos preparamos. Malla colorada, zapatillas, patito amarillo y balde. "A la playa", anunció entusiasmada. Y así fue.
Caminamos hacia la costa. Saltábamos y corríamos. Cuando el agua llegaba a nuestros pies no dejaban de asustarme un poco las grandes olas que rompían a escasos metros.
Nunca creí que aquella enorme masa de agua me impresionara tanto, ni tampoco el viento, la arena y ese aroma a sal que desconocía.
-¿Qué hay del otro lado del mar? -pregunté.
Ella sonrió sin contestar.



Esa noche soñé con arena y gaviotas. Y que cruzaba el mar para ir al encuentro de aventuras. Y al motivo, quizás, de aquella nostálgica sonrisa.  

Comentarios