Desiertos

    Entretanto, yo me voy a través del mapa recogiendo las briznas de belleza que dejaron los hombres en sus afanes, en sus miserias, en los nombres que dieron a las regiones. En todo busco la nota que los identifica con la aridez de los cerros, la sequedad de las llanuras, la profundidad del mar. Es así como los desiertos del Norte me han revelado este símbolo terriblemente humano: caravanas de barcos trayendo el sustento, otras caravanas llevándose la riqueza y en medio de todo, la gran falla de la tierra, calcada como una advertencia sobre la falla principal del hombre: la de querer gozar porfiadamente con todo lo que no fue hecho para él.
 



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