Patricio / Vallenar - Huasco / Chile

En la Terminal de Vallenar subo a una combi que hace el trayecto de cincuenta kilómetros hasta Huasco, en la costa del Pacífico.  
-Me paga después mi reina –dice el chofer y la señora que subió antes que yo sonríe.  
Cuando mi reina se ubica en su asiento, saludo y me ubico en una butaca.
-Hola. Soy Patricio. ¿A donde viajás?
-Que tal. A Huasco.
Nos ponemos a charlar. Después de un rato, me invita a sentarme a su lado.
 “Un gusto”, digo. “Un gusto mi niña”, dice.

Patricio tiene dos trabajos en los que conduce y está en la ruta. Camionero cinco días a la semana y chofer de combis los sábados y domingos. “Conozco a todos los vecinos y se perfectamente y mejor que ellos donde se bajan y también, donde suben". "Casi que los estoy esperando”.

Suena un pitido agudo y Patricio anota algo en una libreta. Creo que son números. Acelera y vamos a 120. Pasamos un pueblo de unas pocas casas y desacelera.  Entonces hacemos 3 kilómetros en 60 y otros dos pitidos. Me mira. Anota algo nuevamente en la libreta. Frena, sube un señor con dos niños. “Me paga cuando baja”. Arranca, acelera, sonríe. Vuelve a anotar.  

-Agarrate que vamos a ir rápido -dice, divertido.

El sistema de precisión horaria es curioso: salen a una hora determinada, nueve minutos después, arranca otra combi. Nueve minutos antes de su salida había partido otra y así una cadena de quince camionetas que cubren el trayecto todos los días de la semana. Si Patricio se retrasa o adelanta deberá abonarle al compañero un porcentaje. A fin de mes,  los empleados rinden cuentas y la empresa, que registró cada movimiento desde el aparatito que suena en las paradas, les informa el saldo a favor y en contra. Cuando él se retraso, le paga al de atrás y si adelantó su marcha, al de adelante. De esas infracciones, la empresa se queda con un porcentaje.

-Se puntual porque favorecerás a tu compañero -digo y no sé si entiendo bien el mecanismo.
-O disminuirá tu salario, depende de donde lo mires.
-Está en vos lo que ganes -pienso en voz alta.   
-Siempre gana la empresa.

Hacemos unos kilómetros en silencio. Acelera nuevamente y estamos en la penúltima parada. Abre el celular, sonríe. “Ella es Coni, la niña más hermosa del mundo”. Vuelve a sonreír, toma la libreta, dibuja un círculo, me mira. "Hice bien las cosas”  dice y "son 1000 pesitos mi reina. Espere que la ayudo con las bolsas". 








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