Algo ahí en el movimiento


Danzar en círculo es una de las más antiguas modalidades de comunión grupal. Y viajar al corazón de los Andes, recorriendo el Valle Sagrado de los Incas para practicar esta disciplina es lo que hicieron más de veinte personas de diferentes nacionalidades partiendo desde Argentina el pasado junio.  La travesía no fue del todo común: ¿cómo recrear el poder de conexión que tienen las danzas entre quebradas, ríos, valles, monumentos arqueológicos y pueblos indígenas?
Estela Arturi, focalizadora de danzas circulares, se sumó junto a su hijo en esta travesía y aquí, para  En viaje, nos ilumina el camino.

¿Cómo surgió la idea del viaje?

Hoy en día es muy común que busquemos realizar viajes que conecten con la tradición, costumbres y ritos de diferentes culturas en una búsqueda de algo más profundo. Eso se ve cuando viajas…. vas a encontrarte con muchos grupos de viajeros dedicados al yoga, tensegridad y otras disciplinas que se reúnen y viajan juntos porque se sienten cómodos de tener objetivos de vida en común.  

¿En qué consistió el itinerario?
El recorrido comenzó en Copacabana -Bolivia- donde la altura es todo un tema…Y el aire. Son 3900 metros...te sentís desfallecer.  Pasan unos días y el panorama cambia. Estuvimos en el lago Titicaca, en Isla de la luna y la isla del sol, con su "Roca sagrada" donde según las crónicas partieron Manco Cápac y Mama Ocllo a fundar Cuzco. Allí presenciamos un casamiento que duro casi todo el día, con sus novios e invitados subiendo la montaña al ritmo de la música… Recorrimos también sitios arqueológicos de la cultura Inca como Aramu Muru, una puerta interdimensional tallada en una roca que, según la profecía, se abrirá algún día y los dioses volverán a sus naves solares. También el complejo arquitectónico Saqsaywaman, Qenqo, un inmenso promontorio rocoso tallado de escalones, hoyos y canaletas; la fortaleza Puca Pucará, el Tambo Machay y los círculos de Moray, un centro de investigación agrícola incaico donde se hicieron experimentos de cultivos a diferentes alturas.  Conocimos las ruinas del pueblo Ollantay Tambo donde se rendía culto a la luna y  allí tomamos el tren que nos llevo hasta  Aguas Calientes, al pie del Machu Pichu. Una recomendación para los que vayan: hagan el esfuerzo de tomarse el ómnibus que lleva a la ciudadela a las 5 de la mañana para esperar la salida del sol. 

¿Qué son las danzas circulares?

En pocas palabras es un movimiento que empezó con Bernard Wosien, quien se propuso recopilar danzas tradicionales y recuperar su significado. En 1975 y luego de años de investigación presentó su trabajo en la Comunidad ecológica y espiritual Findhorn y a partir de allí las danzas empezaron a divulgarse de boca en boca por todo el mundo. Danzar en círculo es una de las más antiguas modalidades de comunión grupal; los seres humanos se reunían en círculos para celebrar ritos, comunicarse con sus dioses, establecer los ciclos de la naturaleza. Danzaban juntos expresando su alegría, dolor o devoción a un ser supremo. Todas ellas, hasta su combinación con  coreografías modernas nos remiten a un contenido simbólico que nos pueden conducir a estados de profunda conexión con nuestra esencia individual y colectiva. La danza circular es fundamentalmente meditación en movimiento.

¿Qué danzas engloban lo que se denominan danzas incas? ¿Cómo las eligieron para este viaje?

El repertorio de danzas fue elegido por los organizadores quienes son nuestros focalizadores de danzas, teniendo en cuenta músicas típicas de Bolivia y Perú y también danzas de Israel, de Brasil y rituales Incas como los saludos al sol y la luna. Tanto en Bolivia como en Perú, si vas con la cabeza y el corazón abiertos te podes encontrar con personas muy especiales, de quienes te quedarán muy lindos recuerdos.

 ¿Qué relación encontrás entre el viaje y la danza? 

En que las danzas fueron siempre y son un instrumento de conexión entre personas con diferentes costumbres y  formas de vida que nos encontramos para compartir un momento. Como en los viajes.


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