Turista termal


Esto de viajar para encontrarse con el agua y aprovechar sus propiedades terapéuticas es muy antiguo. Desde Ulises en su Odisea señalando los placeres de los baños termales, los griegos valoraron mucho no sólo al agua que salía de la tierra a diferentes temperaturas sino al descubrir y perfeccionar algunos beneficios para combatir dolencias. Por lo mismo y también por puro hedonismo, los romanos fueron grandes conocedores  de las propiedades del agua y, al igual que su imperio, las extendieron por todo el continente. En Grecia con Hipócrates y en Roma Vitrubio sentarían las bases de la hidroterapia.
Vitrubio hablaba de sulfurosas, aluminosas, saladas, bituminosas y que cada a cada una de ellas la tierra le otorgaba una virtud medicinal, que calentaba el agua cocinando los minerales y dotándola de una nueva fuerza.
-¿Termas?
-Ajá
-¿Y no es turismo para la tercera edad?

En nuestro país hay de toda clase. Las hay en Salta, Jujuy y debido a la actividad volcánica, en algunas zonas cordilleranas de Mendoza y Neuquén. Y en el litoral, claro. Entre Ríos es un gran polo de actividad termal. 
En casi 40 hectáreas a orillas del río Uruguay y contiguas al sitio exacto donde se descubrió la existencia de aguas termales en 1996, están las termas de San José. Más tranquilas que las de Colón en afluencia de turistas termales, las de San José tienen, como decirlo...espacio.
Y si tenemos en cuenta que los centros termales incorporaron una gran variedad de juegos para niños y toboganes en piletas especiales , estamos frente a una actividad que dejó de ser exclusividad de "gente grande"  o de los que buscan aliviar dolores físicos. 



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