Playa de pinos y flores


Las ciudades de la Costa Atlántica crecen en forma incesante desde fines de los cuarenta. Indefectiblemente, más allá o más acá en la línea de tiempo, surge un poblado aledaño de bosque y tranquilidad, el "Cariló" del balneario. Como si no pudieran convivir en el mismo escenario y desprendiéndose autónoma y original esta "ciudad lenta" -que es a la vez por existir la otra-  la oculta va a otro ritmo, al margen (aunque no), el suburbio que surge a costa de y logra identidad propia.


Costa del Este es una de ellas. Desde mediados de los sesentas se asoman en el horizonte costero de médanos y promesas Mar de Ajó, Santa Teresita y San Clemente. Dos exploradores de la zona, Fidel Sabado y Emilio Doura compran las dunas desérticas de lo que hoy es este balneario y se proponen forestar y fijar el arenal. Allí plantaron tamariscos y acacias para contrarrestar la fuerza del viento que erosiona los médanos que osaban formarse.
Con tierra de Dolores, estos pioneros plantaron pinos, sauces, eucaliptos y álamos. Los primeros crecieron fuertes y hoy custodian calles y hacen al delicado equilibrio de este balneario, allí, al lado de Mar del Tuyú y calles de lilas, acacias, violetas, dalias , camelias, margaritas, jazmines, tulipanes, claveles, lirios. Y arena. 

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