Galletas de Campo / Sierra de la Ventana/ Délices


       
       Cuando era chica mi viejo me mandaba a la panadería. Sólo tenía que cruzar dos calles, el local estaba en una esquina en diagonal a mi casa. De niña y en una ciudad donde las diagonales son la lógica del caminante, debería haber trazado una diagonal desde la puerta de mi casa hasta la puerta misma de la panadería. Pero no. Cruzaba, mirando si venía algún auto, primero una calle y después la otra. Siempre que yo iba el mismo pedido: medio kilo de pan y una galleta de campo. Si iba a osar comer algún pedazo de la galleta, debían ser dos, porque una vez en mi casa mi padre estaría esperando su pedido especialmente.



       La panadería se llama Délices y está en pleno centro de Sierra de la Ventana, a dos cuadras de la rotonda, yendo para Villa Arcadia pero doblando antes de las vías hacia la derecha.

 Me cuesta poco dejarme tentar por el olor a pan caliente. Entro, pido tres tortas negras, no se ven muy tentadoras pero las pido igual. Y pido pan, y veo, al lado de las flautitas unas voluminosas y bien serranas galletas de campo. La chica que atiende se ríe y me pregunta si todo es para mí. De verdad no cree que pueda con mi pedido.

-Desde que trabajo acá engordé seis kilos- dice sonriente.
-Para ser buen vendedor hay que probar la calidad del producto
-Te aseguro que la probé. Salta a al vista ¿no?


No hay galleta de campo igual a otra. Esta tiene un interior esponjoso, generoso en miga y una corteza dura con forma de manzana de harina. O corazón de harina.

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