Recuerdo de...


Ingresemos al mundo del souvenir sabiendo que la palabra viene del francés y alude al recuerdo. El souvenir es un objeto y su compra, impulsiva o reflexiva, cuenta algo de quien lo compra, en general, de quien se moviliza a un lugar que no es el que vive y se lleva un recuerdo.

Entonces tenemos un objeto, el souvenir y un turista. Los diferentes tipos de souvenir vendrían a establecer, entonces, como cada quien interpreta la experiencia del viaje. No llevarse ningún recuerdo también cuenta. Pero eso lo hablaremos más adelante. 

Recuerdo de...

El souvenir es un icono: una condensación de símbolos que nos remiten a tal o cual objeto y envuelven algún grado de convencionalidad. Tal ciudad, tal o cual travesía en la fuimos protagonistas. Por un lado, objeto de consumo y por otro –o cabría decir también por eso mismo-para certificar el viaje. La existencia tangible del viaje que un elemento viene a corroborar.

¿Cuándo surgió la idea de traer recuerdos de un viaje? Muchos hablan del Imperio Romano, desde el siglo I d.C. cuando Caius Valerius Verdullus, artesano, descubrió un gran negocio con los “vasa potoria” para beber y guardar como recuerdo, con leyenda alusiva y firma del autor. Hoy vemos al viaje y al souvenir como inseparables. Objetos con una gran carga simbólica: extienden el viaje y certifican nuestra presencia en tal lugar.

Aunque hay quienes desconfían de la representatividad y pertenencia del objeto-recuerdo del y al lugar -focas de Mar del Plata made in china- es innegable que el souvenir es un elemento más de la narración del viaje emparentada, claro, al coleccionismo. Eso de poseer un objeto y asignarle un valor. Guardar cosas, clasificarlas, como si los objetos mismos nos extendieran y dejaran constancia de nuestro paso por este mundo. Guardar; recordar eso que ya pasó a través de un objeto. Congelar el tiempo. 




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