Masajista natural



 Martín Ruti vive en la localidad mendocina de “El Nihuil” con su mujer. Cincuenta de sus setenta y ocho años los dedicó al trabajo manual: “al arte de dar”, dice.  Yo le creo. En su pequeño local abundan potes de crema blancos, pequeños. Sonriéndome toma el que dice “columna”, lo abre con delicadeza, con un dedo toma un poco y frota sus manos hinchadas que enrojecen al contacto. Me mira mientras la señora de cabello blanco se sienta en una banqueta de madera y alza la vista con desconfianza.

-¿Qué le duele, señora?
-La espalda

-¿Acá?
-Ay. Si.

Achinando los ojos empieza a masajear la espalda de la señora y a medida que avanza, el rostro de la mujer es una mueca de dolor intenso.  


Martín no solo masajea sino también hace las cremas que usa y vende en este puesto de “El Nihuil”, junto a licores de frutillas y almendras.

Comentarios

  1. Un hallazgo este oficio!
    así siempre esta bueno volverse
    Que siga...

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