El viajante cósmico




maginar formas y figuras, dibujarlas, elegir el tono y la ubicación en la tela, bañarlas de luz, sugerir contornos, espacios que encierran espacios, definir planos, crear ilusiones ópticas y jugar con la perspectiva fue la tarea a la que se dedicó ininterrumpidamente desde que llegó a La Plata. De eso, 54 años de una férrea búsqueda a la que el artista plástico Lido Iacopetti dedicó su vida. Hoy sigue pintando y algo, hoy, aún le interesa al igual que entonces: trasmitir que si uno busca encontrará otros lugares para mirar y –de paso- transitar el mundo y que esa elección hace al único y complejo ser que somos.


 
I
“A través de mi pintura he intentado transitar el cosmos. Explorar otros mundos para ofrecer belleza”, dice y sonríe y hay tanta franqueza en su rostro que encandila.

Desde que llegó a estudiar arte a La Plata supo que quería y en esa valija marrón que aún conserva trajo sus sueños custodiados por una estampita que su madre le dio como amuleto para el viaje. De aquellos tiempos a hoy supo olvidarse de su Paris de los sueños para formar una familia en la ciudad de las diagonales junto a su dulce Teldy y criar a Flavio y Valerio, sus dos hijos.

“Ya no necesito viajar”, afirma y pienso en la infinita posibilidad de mundos que el hombre puede indagar a través del arte pictórico y en este viaje personal de Lido, cósmico y terrenal a la vez, donde el pensar se materializa en formas y colores. Y se comparte.

“Soñaba con un mundo lejano. En él habitaban formas y colores extraños en medio de una atmósfera poética y musical. Era un mundo extraño que me traspasaba el alma. Soñaba y cuando desperté comprendí que aquella era mi realidad, un mundo poético puro, sin maldad. Era sin lugar a dudas el aposento del artista. Allí era feliz”

Lido, el artista platense que aún dibuja y pinta todos los días para que, como dice él, aflore lo más puro, lo que está más allá de uno.

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