El latir de la piedra


El tiempo encerrado en el espacio: 2500 millones de años en 300 kilómetros de salientes rocosas y  valles interserranos. El trayecto: Olavarría - Mar del Plata, hasta el fondo mismo del océano atlántico.
  
En Tandil, piedras y formas son la gran atracción.

El Centinela
“Si al hablar lo hace en voz baja podrá escuchar el canto de los pájaros y el susurro del viento”, reza el cartel de ingreso. Las leyendas urbanas dicen que dentro de la piedra está el último vigía indio de la zona. Cuando llegó el hombre blanco, el indio allí quedó petrificado. Dan ganas de tocarla, ahí erguida y orgullosa. Perfecta.
En aerosilla, desde lo alto, zonas boscosas, arroyos y una ciudad que se expande y a fuerza del paisaje, eleva.
La movediza
Son 268 escalones de granito y llegas a la cima. No es tanto. Aquí están los restos de una gran piedra de 385 toneladas que hizo equilibrio sobre otra y un buen día de 1912 se cayó. 
-¿Falta mucho?
-Y… unos cincuenta escalones más…

Desde lo alto: la ondulación suave  de las sierras y la ciudad en declive. Durante mucho tiempo, una y otra vez, el mismo interrogante: ¿subir la piedra o no? Que el turismo, que los visitantes, que símbolo del lugar, que es en vano, que la actividad minera.
Algo que suena a cuento y se reproduce con la velocidad de los cuentos más hilarantes: una empresa de pegamento rápido habría ofrecido una suma cercana al millón de dólares para pegarla y sellar para la eternidad el slogan de su marca.

El calvario

Algo más que una cuestión de fe, el turismo religioso tiene sus adeptos.  Cada semana santa, son miles los fieles y paganos que año a año peregrinan a este  vía crucis tallado en piedra en medio de vegetación y  sierra.
“Esta caminata es mi promesa anual si las cosas me van bien” me dirá Carlos, hombre de rosario al cuello. “¿Y si no?” pregunto, solo por preguntar. “Si no van bien vengo igual. Para que vayan mejor”.






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