Seducción mora

 “María Nieves, casa de té” se ve desde la ruta. De piedra, madera y grandes ventanales con flores anaranjadas con vista a un parque con mesas, sombrillas y sillas al sol. Me recibe la sonrisa de una mujer joven que me ofrece una mesa al sol. No quiero ser grosera pero prefiero adentro, digo.  Su hijo, de unos 5 años, me saluda tres veces: hola, hola, hola y lleva la delantera hasta la puerta de entrada. Allí, la sonrisa de la madre -piensome da una cálida  bienvenida. Una vez que estoy en la mesa número 5 se acerca y me pregunta que voy a querer tomar. Agua, primero. Y un té, claro.

La carta de María Nieves es concisa y entretenida: Tenemos el interés de compartir nuestra casa y agasarlos con nuestros productos. En ellos conviven la pasión la creatividad y el amor. En estos sentimientos donde traducimos un delicado equilibrio entre frescura, aromas y sabores irresistibles.
La especialidad de la casa, claro, es el té. Y el trato con que madre e hija ofrecen esta infusión milenaria.
“Té helado con menta y limón ”,  "té helado con canela en rama y clavo de olor”. “Té en hebras gourmet disfrutarte”,  Variedades: “Jardin Patagonia”, “Seducción mora: te rojo tipo oolong con frambuesas moras y pétalos de rosa mosqueta”, “Tentador Ivy Magreb: té verde con menta en hojas y pétalos de caléndula”. “Cafés especiales,  cafés fríos, pastelería abundante y variada, fondiu de chocolate amargo, picadas y desayunos”
Uy, me llené.
Un seducción mora, digo. Un seducción, si, me dice ella, la madre, mientras  anota el pedido y yo pienso que tendría que haber dicho una seducción mora.
El té huele a tarde de invierno al calor de una salamandra. Frutillas y canela.
María Nieves está en Avenida Don Bosco al 903 de Tandil.


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