La feliz en bicicleta

 Los paseos en bicicleta por las calles de Mar del Plata fueron, en un pasado no muy lejano, una de las diversiones que más adeptos tenía. Había dos bicicleterías: la de los padres de Astor Piazolla, la New York y la casa Manetti, frente a plaza Mitre. “si habrá inflado gomas de mi bicicleta el querido Astor”, recuerda Jorge Fernandez, un cronista del pasado marplatense.

Frente a plaza Mitre, la bicicletería Madrid ofrece  bicicletas de carrera, con cambios, dobles y carritos muy simpáticos. El turista bien lo sabe: Mar del Plata es para recorrerla en bicicleta. Al menos una vez.

“Acá hay de todo. Gente que compite, amateurs, gente que le gusta conocer todo en un día, otros que nunca andan en bici y gente que nunca se subió a una bicicleta. Lo cierto es que con la velocidad y la altura, encontrás otra perspectiva de la feliz”, me dice Antonio, enfundado en un traje de ciclista con un 10 en la espalda. “Podés hacer rambla o calle. Y ahora te dejo así hago cuatro puntas” ¿Qué será cuatro puntas para Antonio? “de la Perla al Puerto dos veces, en un día tranquilo”.

Una punta, calculo, ocho kilómetros. Voy por los primeros ocho por una rambla congestionada de patinetas, rollers, monopatines, cada una con su perspectiva de sí y de la feliz –recordando a Antonio- con vista privilegiada de las decenas de surfers esperando subirse a una ola de la playa Varese. Olas, viento, puerto. Primera punta. Vuelta.

Comentarios