Los jardines floridos

Balcarce asoma en el paisaje bonaerense allí donde la ondulación de la tierra se vuelve caprichosa para luego abandonarse por completo al mar.   


Es domingo y hoy, aquí, hasta los perros duermen. Salgo a caminar; mi plano indica que es una ciudad pequeña: podré recorrerla caminando.Balcarce es una ciudad con algo de encanto tenaz. ¿Cómo es esto? Líneas simples. Por ejemplo las casas, en su gran mayoría, tienen un jardín al frente, de un cuidado excepcional. Si me dijeran que están en competencia feroz entre vecinos para ver quien tiene el jardín más digno, me lo creería. Es la ciudad de los jardines floridos.

Voy con un mapa directo al cerro el triunfo. Justo hoy, domingo, hay una maratón –la maratón del diablo y también hay una historia, la historia del porque del nombre que me la cuenta por la noche, ya entresoñando, el diario local….

La voz de Balcarce dice que en la antigüedad estas regiones eran, lisa y llanamente, dominios del diablo. Los mapas de fines de siglo XVII hasta ya entrado el siglo XIX la llaman las tierras del diablo. Campos yermos, vastos, plagados de pajonales aquí y allá. Tierra amarilla y recia.
Además de ser la ciudad de los jardines, también es la del postre. Así. El dulce y conocido manjar nació gracias a una mano maestra de la vieja confitería París, allá por los cincuentas.Luego fue la confiteria Jockey y sus maestros pasteleros quien popularizó aquel Imperial como el actual postre Balcarce, una dulzura itinerante, que recorre país y mundo.

-También tenemos a Fangio – me dice Ricardo, un jubilado que pasea a su perro por la plaza principal.

El famoso postre ya fue evocado y Don Fangio nos quedará para un próximo paseo.

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